A menudo, cuando las familias observan a sus hijos e hijas corriendo, saltando o trepando, pueden llegar a pensar que simplemente están «quemando energía». Sin embargo, para un niño o niña en etapa de preescolar, el movimiento es la forma más pura y efectiva de aprendizaje. La psicomotricidad no es solo ejercicio físico; es la conexión vital entre el cuerpo, la mente y las emociones. Es el cimiento sobre el cual se construirán más tarde habilidades tan complejas como la lectoescritura, el razonamiento lógico y la atención.
La ciencia detrás del movimiento: El cerebro activo
La neurociencia moderna ha confirmado que existe una relación directa entre la actividad física y la capacidad de aprendizaje. El Dr. John Ratey, profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard, ha demostrado que el movimiento físico estimula la producción de una proteína llamada BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), la cual actúa como un «fertilizante» para las neuronas, facilitando la creación de nuevas conexiones sinápticas.
Esto significa que cuando nuestros alumnos y alumnas se mueven, están literalmente preparando su cerebro para retener información y resolver problemas con mayor agilidad.
¿Cómo beneficia el movimiento al desarrollo cognitivo?
Para que las familias comprendan el alcance de este desarrollo, podemos observar cuatro áreas fundamentales:
- Estructuración espacial y lateralidad: Al trepar o pasar por debajo de un túnel, el niño o niña aprende conceptos como «arriba», «abajo», «lejos» o «cerca». Estos son los mismos pilares necesarios para entender la geometría y organizar las letras correctamente en un papel.
- Control de impulsos y funciones ejecutivas: Los juegos que requieren seguir un ritmo o detenerse en seco ayudan a desarrollar la autorregulación, una habilidad vital para mantener la atención dentro del aula.
- Confianza y autonomía: Superar un reto físico, como cruzar una viga de equilibrio, genera una sensación de logro que fortalece la autoestima de los hijos e hijas, dándoles el valor para intentar cosas nuevas en otras áreas académicas.
- Desarrollo de la motricidad fina: Aunque parezca contradictorio, para que un alumno o alumna pueda escribir con precisión, primero debe haber fortalecido los músculos grandes de su espalda, hombros y brazos mediante el juego activo.

El enfoque Oviedo: El cuerpo como territorio de libertad
En el Instituto Oviedo creemos que el cuerpo es el primer territorio de exploración y aprendizaje de un ser humano. Entendemos que un niño o niña que se mueve con seguridad es una persona que piensa con claridad y se expresa con confianza. Por ello, la psicomotricidad no es una actividad extra, sino una parte esencial de nuestra jornada educativa.
En nuestro Campus Metropolitano, contamos con espacios diseñados estratégicamente para fomentar este desarrollo, como el Salón de los Espejos y amplias áreas verdes que invitan al movimiento libre y dirigido. Siguiendo nuestro lema “Donde puedo ser yo”, permitimos que cada pequeño y pequeña integrante de nuestra comunidad estudiantil descubra sus capacidades físicas en un entorno seguro y estimulante.
Reconocemos la belleza del aprendizaje que comienza con un salto, una carrera y un abrazo. En el Oviedo, cultivamos la inquietud por crecer desde la base, asegurando que nuestros alumnos y alumnas tengan un desarrollo integral donde mente y cuerpo crezcan en perfecta armonía.
Preguntas Frecuentes sobre el juego físico y el aprendizaje (FAQ)
1. ¿Por qué se dice que el movimiento ayuda a los niños y niñas a aprender a leer?
Parece increíble, pero para que los alumnos y alumnas puedan seguir un renglón con la vista o sostener un lápiz, primero deben desarrollar su motricidad gruesa. Gatear, trepar y saltar fortalecen los músculos del tronco y el control ocular, pilares físicos indispensables para la lectoescritura en hijos e hijas.
2. ¿Cuál es la diferencia entre «juego libre» y «psicomotricidad dirigida»?
Ambos son vitales para la comunidad estudiantil. El juego libre fomenta la creatividad y la toma de decisiones en niños y niñas, mientras que la psicomotricidad dirigida (como la que practicamos en el Instituto Oviedo) utiliza ejercicios específicos para madurar el sistema nervioso, la lateralidad y el equilibrio de los alumnos y alumnas.
3. ¿Cómo influye el ejercicio físico en la concentración de los alumnos y alumnas?
La ciencia demuestra que el movimiento libera neurotransmisores que funcionan como «atención natural». Cuando los niños y niñas tienen periodos de actividad física entre lecciones, su cerebro se oxigena, permitiendo que al regresar al aula, los hijos e hijas tengan una mayor capacidad de enfoque y retención.
4. ¿Qué actividades pueden hacer las familias en casa para fomentar este desarrollo?
No se necesita equipo costoso. Actividades simples como caminar sobre una línea pintada en el suelo (equilibrio), jugar a atrapar pelotas de distintos tamaños (coordinación ojo-mano) o bailar siguiendo un ritmo, ayudan enormemente al desarrollo integral de tus hijos e hijas.
5. ¿Es normal que mi hijo o hija sea «inquieto» en el salón de clases?
A menudo, la inquietud es una señal de que el cuerpo del niño o niña está pidiendo el estímulo sensorial necesario para aprender. En lugar de reprimirlo, nuestro enfoque educativo integra el movimiento para que los alumnos y alumnas canalicen esa energía hacia un aprendizaje significativo y una mejor autorregulación.
¿Buscas un preescolar donde tus hijos e hijas aprendan en libertad?
En el Instituto Oviedo, entendemos que el movimiento es inteligencia. Nuestros espacios están diseñados para que cada alumno y alumna desarrolle su máximo potencial físico y cognitivo en un entorno seguro y estimulante.
¿Te gustaría conocer nuestras instalaciones y el programa de psicomotricidad para tus hijos e hijas? Agenda una visita personalizada a nuestro Campus Metropolitano aquí
